La relación entre religión y sexualidad implica una moral sexual, entendida no tanto como parte de la moral general o común a todos, sino como la parte de la moral religiosa que implica restricciones u obligaciones al comportamiento sexual humano. Varía enormemente en el tiempo entre unas y otras épocas, así como entre distintas civilizaciones o culturas. Las normas sociales, los estándares de conducta de las sociedades en cuanto a la sexualidad, suelen ligarse a creencias religiosas de una u otra religión.
De acuerdo con esto, la mayor parte de las religiones han visto la necesidad de dirigir la cuestión de un papel "propio" de la sexualidad en las interacciones humanas. Diferentes religiones tienen diferentes códigos de moral sexual, que regulan la actividad sexual o asignan valores normativos a ciertas acciones o pensamientos cargados de contenido sexual.
Judaísmo y sexualidad
El judaísmo afirma que cuando un esposo y su esposa se unen carnalmente en santidad, allí mora la presencia divina. Por eso el shabat, el sábado, es el mejor día para recordar la libertad y la creación haciendo el amor.
El judaísmo no le otorga valor ni a la virginidad ni a la castidad de los cónyugues: una mujer es virtuosa para el judaísmo si tiene una familia numerosa. Los hijos constituyen una bendición.
Sin embargo, la procreación no es el único fin del matrimonio para el judaísmo. No es bueno que el hombre esté sólo. Estar sólo es, para el judío, una terrible maldición. El placer debe ser compartido. En el judaísmo, el amor ideal con una mujer, es con su cuerpo tanto como con su espíritu.
Una de las señales singulares que diferencian el ascetismo judío del ascetismo no judío, según Gershom Scholem, es la ausencia de la renuncia sexual autoimpuesta. La libido no es condenada, sin la energía de la libido la civilización estaría agotada. Para el judaísmo, un varón o una mujer que, al casarse, hace votos de abstinencia sexual, viola el carácter del pacto matrimonial y ocasiona «tzará d'gufá», el sufrimiento del cuerpo. La tradición judaica afirma que «simjat ishto», el placer de su mujer es la obligación moral del marido.
En un tratado del siglo XIII Menorat Ha-Maor (atribuído a Najmánides pero escrito por Israel ibn Nakawa), en el capítulo sobre la santidad de la sexualidad, dice
Que el hombre no considere el acto sexual como algo repugnante porque de este modo blasfemamos a Dios.
El judaísmo tradicional prohíbe las relaciones sexuales con personas fuera de la pareja formal, mantiene la letra de la escritura bíblica en relación al matrimonio, incluyendo la observancia de la niddah (prohibición de relaciones sexuales en un periodo que incluye la menstruación) y el tzniut, que exige modestia en el vestir y en el comportamiento. Se contempla como graves pecados el adulterio, el incesto y la homosexualidad masculina.
